Disenso, devastación y otros paisajes contemporáneos

 

Cada periódico dibuja un paisaje de atrocidades en el planeta, todos los días, insistentemente. Yo retomo estas imágenes que aparecen en los medios de comunicación con la intención de asimilarlas y evitar que pasen inadvertidas. Tampoco me resigno a tolerar la desesperanza y el cinismo que algunos intentan transmitirnos con ellas. Siempre han estado ahí, sólo que en este momento hay más gente que decide mostrarlas y no mirar para otro lado, quizá porque en nuestra sociedad se da una sensibilidad capaz de asumirlas.

Sin embargo lo que consigo a menudo es una obra agradable a los sentidos que plantea un problema. Si, por ejemplo, en una obra hay un planteamiento político con una tragedia humana y, al mismo tiempo, pretendes disfrutar de ella, entonces entras en una clara contradicción... Es algo difícil de resolver. Lo cierto es que mi proyecto, lejos de cualquier pretensión paisajística u ornamental, está caracterizado por una voluntad de indagación en los porqués, por una búsqueda de sentido.

     Siempre he necesitado una motivación ética para trabajar, algo que trascienda el mero hecho formal. No por considerar el lado ético más importante que el estético, sino por necesitarlo como fondo de mi quehacer. Cuando trabajo no puedo aproximarme al arte de manera únicamente visual, es preciso que haya algo más, pienso que las obras no pueden mirar sólo hacia sí mismas, hacia el arte, sino que deben tener un anclaje exterior. Si el arte no tiene ese anclaje fuera de sí mismo se me convierte en nada, en algo insustancial. No obstante no creo en dogmas, porque no me ocurre lo mismo cuando veo obras de otros artistas, al contrario, disfruto con obras de todo tipo.

De hecho, a veces pienso que todo arte es político. Un artista se posiciona con cada decisión que toma, por defecto o por exceso, todas las formas tienen una especie de conciencia. Hay quienes pueden ser sociales ensimismándose en el lenguaje o en el divertimento conceptual. Yo sólo creo en la sinceridad del artista para consigo mismo, esa es la única forma de llegar a los demás.

Hace tiempo que en nuestra sociedad las ideologías se han debilitado o disuelto, los valores son caducos e impera la fragmentación. Pese a todo, no parece que estemos en el fin de nada, pero sí, tal vez, en el fin de una forma homogénea de concebir el mundo. En este sentido, mi posición en el arte, caracterizada por el conflicto constante entre lenguaje y compromiso con la realidad, no me parece paralizante, al contrario, se me presenta como una dualidad que se retro-alimenta. Hay una búsqueda por una parte de conocimiento y por otra de denuncia ante injusticias sociales. Lo que ocurre es que vivimos en una sociedad en la que una idea casi siempre va unida a la propuesta de abolir lo demás, de negar lo otro. A mí me pasa lo contrario, soy amiga de la diversidad y de la riqueza de contrastes. Pinto contra el olvido y contra el tiempo, para salvar algunas cosas, para protestar, para intentar poner un poco de orden en ese mundo que me llega de modo desordenado, pero también pinto para destruir el falso orden con que a veces se nos quiere presentar ese mundo.

La muestra la componen pinturas y fotografías en forma de ploters sobre lienzo. Muchas gracias.

(Txaro Arrazola. Bilbao, agosto de 2006)

 

 

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